Dos empresas, el mismo correo en frío. Una recibe respuestas.
La diferencia no es el mensaje ni la lista.
La diferencia está en LinkedIn.
Los fundadores de una de las empresas tienen perfiles vacíos. Foto, cargo, ninguna actividad. Sus correos llegan a la bandeja de entrada y se quedan ahí.
La segunda empresa tiene el mismo montaje y apunta al mismo tipo de lista. Pero sus fundadores y directivos publican sobre su sector, y sus perfiles enseñan la experiencia que hay detrás de la firma. La confianza empieza a construirse antes de la respuesta. Sus correos se contestan.
En llamadas de seguimiento, preguntamos a los responsables qué les hizo responder. Muchos dicen lo mismo: primero buscaron en LinkedIn.
Buscan a la persona que firma el correo, no a la empresa.
El correo pone el mensaje delante de la persona correcta. El perfil decide si se contesta.
Cuando bajan las respuestas, el primer instinto es revisar el mensaje o la lista. Pocos se preguntan qué se encuentra quien decide cuando busca a quien le ha escrito.

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